Me encantaría empezar este post aludiendo al maravilloso verano de aventuras y noches exóticas que no he vivido, pero aún así, ni intentaré remendar con palabras trepidantes este verano del que no me he enterado más que por el calor asfixiante y porque no me he puesto nada morena. De hecho, por no hacer, no he hecho ni "comida en parque", que durante una época fue top-ten de principios de verano...Lo cual no quiere decir que no haya disfrutado, aunque sea levemente, de una merecida semana de vacaciones en las dos ciudades que sí parecen ser el top-dos de las capitales portuguesas... A pesar de todo, este verano lo que sí he hecho es un viaje emocional, que es económicamente más barato, aunque a veces pesa más que un quintal... Así que ya a finales de este verano que se acaba, me cuesta recordar, a pesar de lo fugaz, qué estuve haciendo en junio para que se me esfumara tan rápido...Mmmmh, ¡es verdad!... Recuerdo que pasé de ser ratón de biblioteca por mi interesantísimo trabrajo de investigación cinematográfico, a ser ratón de laboratorio al sufrir un experimento continuado de desinformación en un curso de 30 días de tedio...mientras sazonaba todo esto con crecimiento personal metiéndome en la piel de algún que otro personaje que podría ser la larva de una buena historia y me mantenía al tanto cultural registrando como una máquina administradora (esto me pasa por eclecticista...). Sintiendo este panorama en mi recuerdo emocional... determino que en junio...disfruté de noche lo que no pude disfrutar día... y que las tardes fueron mejor que las mañanas...y que conocí a gente nueva... y eso siempre está muy bien...
28 agosto 2011
Este verano
10 julio 2011
Homeland
Hace unos meses, tal vez fuera otoño, estuve en Granada con mi amiga Siham. A ella le encantan los cortometrajes de animación, y entre charla y recharla, me puso este corto de animación de Juan de Dios Marfil. Es tan sutil y delicado, como profundo. No se me ocurre nada mejor para una tarde domingo. Aunque sean sólo 6 minutos.
06 julio 2011
Las reglas del juego: asesino y policía.
No estoy acostumbrada a ciertos juegos. Ya no. Eso sí, puedo notar la taquicardia cuando vuelven a proponer aquellas reglas que forman parte de mi pasado: 1 toque, asesino. 2 toques, policía. "Que no me toque a mi, que no me toque a mí". Reconozco que eso es lo que pienso cuando forman el círculo y alguien pasea por detrás de cada uno de nosotros buscando quién se encargará de los roles. "Que no me toque a mí. Que no me toque a mí". Y la verdad es que no sé porqué digo esto. Tal vez para no asumir la responsabilidad. Tengo la sensación de que siempre rumio esas palabras ante la expectativa del juego. Pero, irremediablemente, te toca. Sabes que va a ser así. Siempre te toca. Y cuando estás en ello, pues... te gusta.
Hoy, de hecho, me he cargado a 9. Sí, señor. 9 de 14. Soy una asesina cautelosa y recatada. La mosquita muerta que tiene más de viuda negra que de ostentosa cobra asesina de sangre. Me los he cargado a casi todos, cuidando muy mucho de sopesar quién era el policía que iba tras de mí. Escucha, cautela, sutileza. .. A decir verdad, casi prefería ser asesina que policía. Mola más guiñar el ojo, comprobar, decidir, atreverse, probar suerte... Pero reconozco que cuando proponen el juego "rezo" en silencio "que no me toque a mí, que no me toque a mí". Y regresando a casa, me he dado cuenta de que eso lo hago con más cosas... y lo hacía con más juegos. Como con el juego del pañuelo. Ese en el que dos equipos se enfrentan, cada jugador tiene un número y al decirlo, tienen que correr para conseguir el pañuelo y llevárselo a su terreno... Al principio creo que nunca ganaba. No duraba más de una jugada. Me pillaban al primer toque. Después fui más ágil, aprendí trucos y la balanza se equilibró. De hecho, a veces, hasta podía conseguir números... No sé porqué ese rumor en mi cabeza, ese nerviosismo del "que no me toque a mi, que no me toque a mí". En estos días, por cuestiones del destino, me está tocando todo el rato. Ya no sólo tener el rol de asesino, sino ya más en la vida cotidiana, de "expositora" y digo expositora de exponerse, de presentar, de mostrar, de ser vista, como persona que habla y que otros escuchan. "Me ha tocado a mí". A otros también les toca. Yo seguí en mi cabeza con el ronroneo de "que no me toque a mí, que no me toque a mí". Es difícil pararlo. Pero creo que lo estoy gestionando cada vez mejor. Porque siempre toca. De hecho, me lo estoy pasando bien. Porque estoy aprendiendo que lo importante es el juego. Juego a ser y eso me gusta. Porque sabiendo que juego, me permito más cosas, me permito probar, atreverme, saber que hoy puedo decir que sí, y mañana decir que no. Porque juego, simplemente... Y a veces pienso que con la edad, perdemos la costumbre.
Hoy, de hecho, me he cargado a 9. Sí, señor. 9 de 14. Soy una asesina cautelosa y recatada. La mosquita muerta que tiene más de viuda negra que de ostentosa cobra asesina de sangre. Me los he cargado a casi todos, cuidando muy mucho de sopesar quién era el policía que iba tras de mí. Escucha, cautela, sutileza. .. A decir verdad, casi prefería ser asesina que policía. Mola más guiñar el ojo, comprobar, decidir, atreverse, probar suerte... Pero reconozco que cuando proponen el juego "rezo" en silencio "que no me toque a mí, que no me toque a mí". Y regresando a casa, me he dado cuenta de que eso lo hago con más cosas... y lo hacía con más juegos. Como con el juego del pañuelo. Ese en el que dos equipos se enfrentan, cada jugador tiene un número y al decirlo, tienen que correr para conseguir el pañuelo y llevárselo a su terreno... Al principio creo que nunca ganaba. No duraba más de una jugada. Me pillaban al primer toque. Después fui más ágil, aprendí trucos y la balanza se equilibró. De hecho, a veces, hasta podía conseguir números... No sé porqué ese rumor en mi cabeza, ese nerviosismo del "que no me toque a mi, que no me toque a mí". En estos días, por cuestiones del destino, me está tocando todo el rato. Ya no sólo tener el rol de asesino, sino ya más en la vida cotidiana, de "expositora" y digo expositora de exponerse, de presentar, de mostrar, de ser vista, como persona que habla y que otros escuchan. "Me ha tocado a mí". A otros también les toca. Yo seguí en mi cabeza con el ronroneo de "que no me toque a mí, que no me toque a mí". Es difícil pararlo. Pero creo que lo estoy gestionando cada vez mejor. Porque siempre toca. De hecho, me lo estoy pasando bien. Porque estoy aprendiendo que lo importante es el juego. Juego a ser y eso me gusta. Porque sabiendo que juego, me permito más cosas, me permito probar, atreverme, saber que hoy puedo decir que sí, y mañana decir que no. Porque juego, simplemente... Y a veces pienso que con la edad, perdemos la costumbre.
12 mayo 2011
02 mayo 2011
Hollywood, la película
Ya está en internet.
Los autores (Ramón Luque y Juanjo Domínguez) se decantan por la red para difundir este largometraje indie sin más presupuesto que el entusiasmo.
La película, que ahonda suavemente en los sentimientos con un toque humorísticamente tierno, nos muestra a Félix, un escritor que mientras escribe el guión de una película que se parece peligrosamente a su vida, habla con su mejor amiga, María, sobre sus intentos de relacionarse con otras personas, especialmente, con mujeres. Pero se le hace tan difícil...
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